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sábado, 14 de febrero de 2009

MAL CARÁCTER: ¿HEREDADO O CONSTRUIDO?


“Ya de niña, el no conseguir lo que quería, me ponía furiosa”, Margarita 33 años. “En cuanto las cosas no se hacen como a mi me gusta, pierdo el control y mi comportamiento se vuelve totalmente irracional: grito, pego, no puedo controlarme”, Francisco 47 años. Así como ellos encontramos muchas personas en el mundo las cuales sufren de mal carácter, ¿heredado o construido?

El mal carácter se desarrolla en personas de cualquier edad. La mayoría de casos son personas irritables, agresivas y susceptibles, suelen sentirse mal luego de un enfado y se comprueba que pierden el control sobre si mismos, ya que son victimas de su mal genio. Estas personas no saben como controlarse y se descargan en gritos y hasta golpes. La ira no es favorable, nos hace daño. Educar nuestras actitudes es fundamental. El desarrollo de una vida plena y saludable depende de ello. Este padecimiento no solo nos causa problemas dentro de nuestra vida social, con el trato hacia las personas, también afecta nuestra salud. El mal genio o enfado genera un alto gasto energético, altera el sistema nervioso y trastorna nuestro sistema psicológico. Todo esto debido al carácter que nuestros padres nos generan durante nuestra niñez o la falta de autoestima. Sin embargo, cada ser humano tiene la decisión de “desaprenderlo”.

En conclusión, un mal carácter se puede cambiar, todo ser humano tiene la capacidad de hacerlo. Nuestra calidad de vida depende de nosotros mismos. “Perder los estribos es un comportamiento y los comportamientos se pueden cambiar” afirma la psicóloga, Rosario Linares.

jueves, 12 de febrero de 2009

ENSALADA HUMANA


Sin darme cuenta, el tiempo había pasado rápidamente y sí, otra vez se me había hecho tarde, como era costumbre. “Hija ¿estás lista? preguntó mi papá, desde el comedor, sí en seguida bajo respondí, un poco apresurada, poniéndome los zapatos. Metí mis cosas al carro y esperé a que nos marcháramos. Todos los días él me dejaba en la parada de autobuses, donde tomaba el autobús para ir a mis clases. Ese día no era la excepción.

“Que tengas un buen día” me dijo. Bajé del carro. En la parada había demasiadas personas, algo muy extraño a esa hora, otra señal de que ese no era precisamente mi mejor día. Sin embargo, no me preocupé. Llegó el primer autobús. Un mar de gente se abalanzó sobre él, como si quisieran subir todos a la vez. Decidí esperar el siguiente , sin embargo, no me preocupé.

Pasaron cinco, diez, quince y luego treinta minutos. Logré por fin subir a uno de los autobuses. Llenísimo como todos los demás. Avancé y me quedé parada en medio de él, mientras, pensaba: ojalá alguien me seda su asiento. Estaba casi segura que no sucedería, pero tenía una esperanza. A medida el bús avanzaba la gente seguía y seguía subiendo. Ya no podía moverme.

Ahí adentro se creó una mezcla con olores de todo tipo. Unas mujeres con aromas exquisitos y suaves, otras con unos muy extravagantes, de esos que me hacían pensar en mí abuelita. Tenía un poco de sueño. Pensaba como distraerme, me detuve a observar a las personas que estaban a mí alrededor.

Aquello se volvió algo interesante. Había de todo. Personas altas, bajitas, rubias, con anteojos, cabellos rizados, lisos, cortos, largos. Entre caras tristes, adormitadas y preocupadas, en fin, una gama impresionante de seres a mí alrededor. De pronto me pareció como estar dentro de una ensalada humana. Observaba sus gestos, sus movimientos, sus miradas. Fue un viaje diferente. Tuve la sensación de haber descubierto muchos mundos dentro de uno solo.



LA GENTE SATANIZA TODO AQUELLO A LO QUE DESCONOCE O NO PUEDE EXPLICAR


“El mundo existe porque hay un Dios que lo creo”, “el mar se mira de color azul porque en el se refleja el cielo”, “los pingüinos no vuelan porque son los únicos pájaros que no tienen sacos aéreos”. Como ley natural, los seres humanos siempre buscamos respuestas para todo, intentamos dar explicaciones a las cosas y sucesos que la vida nos depara, pero en ocasiones, esa necesidad por intentar dar explicación a determinados hechos puede hacernos caer en la satanización de las cosas.
Vivimos en una sociedad satanizadora de las cosas, donde se presentan ciertas entidades, étnicas, políticas, culturales y religiosas como algo negativo y nocivo dentro de nuestra sociedad. Hoy por hoy, nuestra sociedad se encuentra tan satanizada que podemos clasificar la satanización en 3 factores. El primero de ellos es la desinformación.

Cuando las personas nos enfrentamos ante un hecho desconocido o al cuál no le encontramos explicación alguna, tendemos a satanizar el hecho, a demonizar la acción, debido a que no estamos plenamente informados sobre ciertos aspectos. Por ejemplo: las diversas historias creadas alrededor de la puerta del diablo. Según estudios científicos, en el año de 1762 hubo un fuerte temporal lluvioso, lo que ocasiono la forma rocosa del cerro el Chulo, ahora conocido como Puerta del Diablo. Para los habitantes de Panchimalco, la formación rocosa había sido creada por el demonio, durante una pugna con el dueño de la propiedad, en la cuál el diablo salió vencido. Muchas veces, las personas, por ignorancia o desinformación, asocian todo hecho desconocido o inexplicable con “fuerzas malignas”. Pero la satanización de las cosas, no solo puede darse a través de la desinformación, sino también a través de la manera de ver y pensar las cosas, a través de la ideologización de las masas.

Cuando la ideología de una persona, o la ideología de determinado grupo étnico es contraria a mi forma de ver y pensar las cosas, tendemos a satanizar la situación. En la antigüedad, la iglesia católica consideraba a los nativos de América como herejes, por el simple hecho de mantener una ideología contraria a la que ellos intentaban imponer. Un claro ejemplo, son la gran cantidad de mujeres que fueron asesinadas porque se les creía brujas. Existe la concepción errónea de socializar un hecho contrario a mis ideales como algo relacionado con el mal. El hecho de ver algo que difiera de mi manera d ver y pensar como algo maligno.

Y por último está el hecho de satanizar sucesos para librarme de una responsabilidad o culpa. ¡Eso es obra del demonio!, ¡jamás había visto algo así! Son expresiones que comúnmente solemos escuchar por las personas cuando intentamos librarnos de algún tipo de responsabilidad.
Por ejemplo, cuando a las personas les suceden cosas malas en el día, le hechan la culpa al demonio, que dicen está al asecho de sus vidas, donde este actúa como una salida a obtener la culpa sobre algo, como un pretexto a algo que me sucedió.

En nuestro diario vivir, esta presente la satanización de las cosas, por ejemplo, podemos mencionar a los medios de comunicación como grandes satanizadotes de ideologías, porque n muchas ocasiones se prestan para persuadir a la población para que vea como malo algún objetivo en especifico, y así presentarlo ante la sociedad como algo nocivo y dañino para la humanidad.


jueves, 5 de febrero de 2009

ESCRITORES DE LA LIBERTAD



Las primeras escenas de la película me causaron impacto. Me di cuenta que sería una historia de muchos conflictos y adversidades. En mi opinión, el personaje más representativo es la maestra Grewell. Con una edad muy corta, casada y apenas graduada de la universidad, obtuvo su primer trabajo, donde menos lo esperaba. Nunca se imaginó que su vida laboral sería tan fuerte. Tomó el trabajo con muchas aspiraciones, dedicada a hacer su mejor labor.

Dentro de la escuela, cada día era más difícil imponer el orden. Sus alumnos no solo la ofendían por ser una mujer blanca, sino por tratar de mejorar sus vidas. Sin importarles lo que ellos pensaran, siempre se esforzaba para lograr su objetivo: hacer de los jovenes mejores personas.

Al parecer, muchas de sus técnicas de aprendizaje eran poco convencionales, pero daban buen resultado. El trabajo absorbía la mayor parte de su tiempo, pues estaba dejando de lado su relación matrimonial. Pasaba poco tiempo en casa y al llegar exhausta solo quería dormir. Su esposo, al darse cuenta de la situación, decidió abandonarla.

Es importante ver cómo la típica maestra afanada por su trabajo logra sacar a flote a un grupo de estudiantes con apenas 14 años de edad, en donde el racismo predomina y la calidad de los estudiantes es caótica. Solo alguien con una gran fuerza interior podría lograrlo.

En concusión, puedo decir que como la maestra Grewell, esforzandonoes podemos lograr nuestros objetivos. Todo requiere de una lucha constante ante cualquier adversidad. No debemos darnos por vencidos con el primer tropiezo, sino levantarse para seguir caminando. Lo más importante es el sentimiento de las personas y no su color u origen. Esto es lo más significativo que dejó la película para mi vida.

¿UN FINAL FELIZ?


Éramos la pareja más feliz del mundo. Todo comenzo un 31 de marzo de 2007. Al principio, ambos dudamos de si sería una relación duradera. Yo apenas estaba terminando de cursar segundo año de bachillerato, él no hacía nada más que pasar en su casa y salir con amigos.

Decidí llevarlo a casa. Mis padres, muy tranquilos, lo acogieron. Mi mamá decía a menudo: es un buen muchacho, pero anda despacio. se habían tomado el tiempo para conocerlo, pero manteníamos la relación en secreto. Yo quise contarlo hasta salir de la escuela, ya que mi papá repetía constantemente: tendrás novio hasta salir de bachillerato. Era obvio que si él lo decía, yo debía obedecerle, no me quedaba de otra.

Pasado un año, ya graduada, decidí contarle a mi mamá. Tomamos la desición juntos, él pediría permiso formalmente. Mamá dijo que sí. Su aprobación fue lo mejor que nos había pasado. Mi papá solo debía aceptarlo, no le quedaba de otra. Aunque renegaba constantemente, pues Carlos abandonó sus estudios y no deseaba superarse por pasar todo el tiempo a mi lado. Cuando mi papá tenía tiempo, decí: hija, busca a alguien con quien tener un buen futuro. Yo sabía qu tenía toda la razón, pero mis sentimientos hacia él crecían cada vez más rapido.

Todas las tardes pasábamos juntos, no existía un solo día en que estuviésemos separados. Me empecé a despreocupar de mis obligaciones en la universidad. Él nunca se intereso por mi desempeño. Si él no tenía nada que hacer, suponía que yo tampoco. Mis notas eran vergonzosas. Tenía presente que mis padres iban a castigarme. El único motivo era él. Se había adueñado de mi tiempo.

Quise tomar la mejor decisión. Mis padres ya me lo habían hecho saber: si no mejoras tus calificaciones, olvídate de él. ¡Qué peor castigo que ese!

Decidí ponerle fin. Aunque él no lo aceptaría de ninguna manera. Era lo mejor para mi en ese momento. Tenía que superarme. Todo terminó muy mal. Él no quería saber nada de mí. Me dolió profundamente. El tiempo se encargará de curarlo todo.