
“Ya de niña, el no conseguir lo que quería, me ponía furiosa”, Margarita 33 años. “En cuanto las cosas no se hacen como a mi me gusta, pierdo el control y mi comportamiento se vuelve totalmente irracional: grito, pego, no puedo controlarme”, Francisco 47 años. Así como ellos encontramos muchas personas en el mundo las cuales sufren de mal carácter, ¿heredado o construido?
El mal carácter se desarrolla en personas de cualquier edad. La mayoría de casos son personas irritables, agresivas y susceptibles, suelen sentirse mal luego de un enfado y se comprueba que pierden el control sobre si mismos, ya que son victimas de su mal genio. Estas personas no saben como controlarse y se descargan en gritos y hasta golpes. La ira no es favorable, nos hace daño. Educar nuestras actitudes es fundamental. El desarrollo de una vida plena y saludable depende de ello. Este padecimiento no solo nos causa problemas dentro de nuestra vida social, con el trato hacia las personas, también afecta nuestra salud. El mal genio o enfado genera un alto gasto energético, altera el sistema nervioso y trastorna nuestro sistema psicológico. Todo esto debido al carácter que nuestros padres nos generan durante nuestra niñez o la falta de autoestima. Sin embargo, cada ser humano tiene la decisión de “desaprenderlo”.
En conclusión, un mal carácter se puede cambiar, todo ser humano tiene la capacidad de hacerlo. Nuestra calidad de vida depende de nosotros mismos. “Perder los estribos es un comportamiento y los comportamientos se pueden cambiar” afirma la psicóloga, Rosario Linares.




